martes, 22 de mayo de 2012

La Palabra Diaria

Hebreos 12: 1-13
Por tanto, nosotros también,teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, dejemos todo lo que estorba, y el pecado que tan fálcilmente nos enreda, y corramos con perseverancia la carrera que nos es propuesta, fijos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe, quien en vista del gozo que le esperaba, sufrió la cruz, menospreció la verguenza, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad, pues, a aquel que sufrió tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os fatiguéis en vuestro ánimo hasta desmayar.
En vuestra lucha contra el pecado, aún no habéis resistido hasta verter sangre. Y ya habéis olvidado la exhortación que como a hijos os dirije el Señor, al decir: "Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él. Porque el Señor, reprende al que ama, y azota a todo el que recibe por hijo". Soportad las pruebas como disciplina, pues Dios os trata como a hijos. Porque, ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? 
Si os dejara sin disciplina, de la cual todos participan seríais bastardos y no hijos. Por otra parte, nuestros padres terrenales nos diciplinaron, y los respetábamos. ¡Con cuánta más razón 
debiéramos someternos al Padre de los espíritus, y vivir! Nuestros padres nos disciplinaban por pocos días, como a ellos les parecía. Pero Dios nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad. Es verdad que al presente, ninguna disciplina parece ser motivo de gozo, sino de tristeza, pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella son ejercitados. Por eso, fortaleced las manos cansadas y las rodillas debilitadas. Enderezad el camino para vuestros pies, para que el lisiado no se desvíe, antes sea sanado.