sábado, 19 de mayo de 2012

La Palabra Diaria

Hechos 8: 14-25
Los apóstoles que estaban en Jerusalén, oyeron que Samaria había recibido la Palabra de Dios, y les enviaron a Pedro y a Juan. Estos llegaron y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos. Sólo habían sido bautizados en el nombre  de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. Cuando Simón vio que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero. Les dijo: "Dadme también a mí este poder para que cualquiera a quien yo imponga las manos, reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: "Tu dinero perezca contigo, por haber pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. Tú no tienes parte ni herencia en este ministerio, porque tu corazón no es recto ante Dios. Arrepiéntete de esta maldad, y ruega a Dios. Quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón. Porque veo que estás en hiel de amargura y en prisión de maldad". Entonces Simón respodió: "Rogad vosotros por mí al Señor, que ninguna de estas cosas que habéis dicho, venga sobre mí". Y ellos, habiendo testificado y hablado la Palabra de Dios, volvieron a Jerusalén. Y anunciaron el evangelio en muchos pueblos samaritanos.