lunes, 14 de mayo de 2012

La Palabra Diaria

Isaías 51: 1-16
"Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis al Eterno. Mirad la tierra de donde fuisteis cortados, y el hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados. Mirad a Abrahán vuestro padre, y a Sara que os engendró. Porque cuando era solo lo llamé, lo bendije, y lo multipliqué. Ciertamente el Señor consolará a Sión, consolará todas sus soledades, cambiará su desierto en paraíso, y su soledad como el huerto del Eterno. Se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voz de cantar. Escúchame, pueblo mío, óyeme, nación mía;  porque de mí saldrá la Ley, y mi juicio descubriré para luz de los pueblos. Mi justicia se acerca velozmente, mi salvación está en camino, y mis brazos juzgarán a los pueblos. En mí esperarán las islas, y en mi brazo pondrán su esperanza. Alzad al cielo vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra; porque el cielo se desvanecerá como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir. De la misma manera perecerán sus habitantes. Pero mi salvación será para siempre, y mi justicia no será abolida. Oídme los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi Ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayes por sus reproches. Porque como a vestidura los comerá la polilla, como a lana los comerá  gusano. Pero mi justicia permanecerá para siempre, y mi salvación de generación en generación. ¡Despierta, despierta! Vístete de fortaleza, oh brazo del Eterno. Despierta como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados. ¿No eres tú el que secó el mar, el agua del gran abismo; el que transformó el profundo mar en camino, para que pasasen los redimidos?
Los redimidos del Eterno volverán. Entrarán en Sión cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas. Tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán. "Yo, Yo Soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que temas al hombre, que es mortal, al hombre, que es sólo hierba? Te olvidas del Eterno, tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra; y todo el día vives en continuo temor del opresor, que se dispone a destruir. Pero, ¿dónde está el furor del opresor? El preso agobiado pronto será libertado. No morirá en la prisión, ni le faltará su pan. Porque Yo el Eterno, que agito el mar y suenan sus ondas, Soy tu Dios, cuyo nombre es El Eterno Todopoderoso. En tu boca he puesto mis Palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, para que Yo extienda nuevo cielo y funde nueva tierra, y diga a Sión: "Pueblo mío eres tú".