jueves, 15 de marzo de 2012

La Palabra Diaria

I Corintios 15: 1-28
El apóstol  Pablo dijo:
Además, os recuerdo hermanos, el evangelio que os prediqué, que también recibisteis, y en el cual perseveráis firmes. Por este evangelio sois salvos si retenéis firmes la palabra que os he predicado. Si no, creísteis en vano. Porque primero os trasmití lo que yo mismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado, y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;  que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales la mayoría aún vive, y otros duermen. Después apareció a Santiago, y más tarde a todos los apóstoles. Y al último de todos, como a un nacido a destiempo, me apareció a mí. Porque yo soy el menor de los apóstoles, indigno de ser llamado apóstol, porque perseguía a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no ha sido en vano conmigo. Antes trabajé más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. Porque, sea yo o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído.
Y si se predica que Cristo resucitó de los mueros, ¿ cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurección de muertos? Porque si no hay resurección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, nuestra predicación es vana, y vuestra fe también es vana. Y aun nosotros seríamos falsos testigos de Dios, ya que afirmamos que él resucitó a Cristo; a quien no resucitó, si fuera verdad que los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana, y aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo están perdidos. Si sólo para esta vida esperamos en Cristo, somos los más desdichados de todos los hombres.
Pero lo cierto es que Cristo resucitó de los muertos, y fue hecho primicia de los que durmieron. Porque así como la muerte vino por un hombre, también por un Hombre vino la resurrección de los hombres. Porque así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos serán vueltos a la vida. Pero cada uno en su orden: Cristo la primicia, después los que son de Cristo, en su venida. Entonces vendrá el fin, y Cristo entregará el reino a Dios y Padre, cuando haya quitado todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque él debe reinar hasta poner a todos sus enemigos bajo sus pies. Y el último enemigo que será destruído es la muerte. Porque Dios sometió todas las cosas bajo sus pies. Al decir: "todas las cosas" a él, claro está, excepto Aquel que sujetó todas las cosas a él. Cuando todas las cosas le sean sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea el todo en todos.