viernes, 9 de marzo de 2012

La Palabra Diaria

Hechos 9: 10-22
Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: "Ananías".Y él respondió: "Aquí estoy, Señor". El Señor le dijo: "Levantate, y ve a la calle que se llama Recta. Busca en casa de Judas a un hombre de Tarso llamado Saulo, porque él esta orando. Y ha visto en visión a un hombre llamado Ananías, que entra, le impone las manos, para que recobre la vista". 
Entonces Ananías respondió: "Señor, he oído a muchos hablar de este hombre, y de los males que ha hecho a tus santos en Jerusalén. Y aún aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu Nombre". El Señor le dijo: "Ve, porque este hombre es un instrumento elegido por mí, para llevar mí Nombre a los gentiles, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo le mostraré cuánto tiene que padecer por mí Nombre. 
Entonces Ananías fue. Entró en la casa, y poniendo las manos sobre él, le dijo: "Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recobres la vista, y seas lleno de Espíritu Santo". Y al instante, se le cayeron de los ojos como escamas, y al punto recobró la vista. Y levántandose, fue bautizado. Después de comer, recobró fuerzas. Y Saulo pasó algunos días con los discípulos de Damasco.
En seguida empezó a predicar en las sinagogas a Jesús, diciendo que era el Hijo de Dios. Y todos los que lo oían quedaban atónitos, y decían: "¿ No es este el que perseguía en Jerusalén a los que invocaban este Nombre, y a eso vino acá, a llevarlos presos ante los principales sacerdotes? " Y Saulo mucho más se llenaba de poder, y confundía a los judíos de Damasco, demostrando que Jesús es el Cristo.