sábado, 21 de noviembre de 2009

La Palabra Diaria

Marcos 2: 1 - 12

Después de algunos días, Jesús entró de nuevo en Capernaúm, y se oyó que estaba en casa.  En seguida se juntaron a él muchos, que ya no cabían ni aun a la puerta.  Y él les predicaba la Palabra.

Entonces le trajeron un paralítico, cargado por cuatro hombres. Y como no podían llegar a él debido a la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron la camilla en que yacía el paralítico.

Al ver la fe de ellos, Jesús dijo al paralítico: ''Hijo, tus pecados te son perdonados".
Estaban  sentados allí algunos escribas, que pensaron en su corazón:  ¿Por qué habla  éste así?   Está blasfemando.  ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?"

Al instante Jesús conoció que pensaban así, y les dijo:   "¿Por qué pensáis esas cosas en vuestro corazón? "
¿Qué es más fácil, decir al paralítco:  'Tus pecados te son perdonados', o decirle:  ¿Levántate toma tu camilla y anda?   Pues, para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad de perdonar pecados en la tierra - dijo al paralítico-:  "A ti te digo:  ¡Levántate!   Toma tu camilla, y vete a tu casa".

Entonces el paralítico se levántó en el acto, tomó su camilla, y saló delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo:  "¡Nunca hemos visto cosa semejante!"