martes, 20 de octubre de 2009

La Palabra Diaria

Hechos 3: 1- 10

Un día Pedro y Juan subieron al templo a la oración de la hora novena. Había un hombre,  tullido de nacimiento, a quien llevaban cada día y ponían a la puerta del templo, llamada la Hermosa, para que pidiese limosna a los que entraban.

Cuando éste vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogó que  le diesen una limosna.  Junto con Juan, Pedro fijó los ojos en él, y le dijo "Miranos".
El estuvo atento, esperando recibir algo de ellos.

Entonces Pedro le dijo: "No tengo oro ni plata, pero lo que tengo te doy.  En el Nombre de Jesucristo de Nazaret, !levantate, y anda!"  Y tomándolo de la mano derecha lo levantó.  Al instante se afirmaron sus pies y sus tobillos, y de un salto, se puso de pie y anduvo. Y entró con ellos en el templo, caminando, saltando y alabando a Dios.

Y al reconocer que él era el mismo que se sentaba a la limosna a la puerta la Hermosa,  se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido.