martes, 29 de diciembre de 2009

La Palabra Diaria

I Reyes 8: 22 - 29

Entonces Salomón se puso ante el altar del Eterno Dios, en presencia de toda la congragación de Israel, extendió sus manos al cielo, y exclamó:

"Oh Eterno, Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en el cielo ni abajo en la tierra, que guarda el pacto de amor a tus siervos, los que andan  ante ti con todo su corazón. Tú has cumplido a tu siervo David mi padre lo que le prometiste. Lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo cumpliste en este día.

Ahora oh Eterno, Dios de Israel, cumple a tu siervo David mi padre lo que le prometiste, al decirle: 'No faltará varón que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden mi camino, y anden ante mí como tú has andado'.  Ahora,  oh Dios de Israel, confirma la promesa que diste a tu siervo David mi padre.

Sin embargo, ¿habitará ciertamente Dios en la tierra?  Si los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener, ¡cuánto menos esta casa que yo edifiqué!

Con todo, atiende a la oración de tu siervo, y a su plegaria, oh  Eterno Dios mío; oye el clamor y la oración que tu siervo eleva hoy ante ti.  Estén  tus ojos abiertos día y noche sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: 'Mi Nombre estará allí'.
¡Oye la oración que tu siervo te dirije ahora en este lugar!