miércoles, 11 de abril de 2012

La Palabra Diaria

Hechos 1: 122
Saulo respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco para que si hayase algunos hombres o mujeres de ese Camino, los trajese presos a Jerusalén. Yendo por el camino, al acercarse a Damasco lo cercó un resplandor de luz del cielo; y cayó en tierra, y oyó una voz que le dijo: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Saulo preguntó: "¿Quién eres Señor?"Y él replicó: "Yo Soy Jesús a quien tú persigues. Dura cosa te es dar coces contra el aguijón". Entonces él, temblando y temeroso, dijo: "Señor, ¿qué quieres que haga? El Señor respondió: "Levántate, entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer". Los hombres que iban con Saulo, se habían detenido atónitos, porque habían oído la voz, pero no habian visto a nadie. Entonces Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía abierto los ojos, no veía nada. Así, lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días sin ver. Y no comió ni bebió.
Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: "Ananías". Y él respondió: "Aquí estoy, Señor". El Señor le dijo: "Levántate, y ve a la calle que se llama Recta. Busca en casa de Judas a un hombre de Tarso llamado Saulo, porque él está orando. Y ha visto en visión a un hombre llamado Ananías, que entra, y le impone las manos, para que recobre la vista". Entonces Ananías respondió: "Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre, y de los males que ha hecho a tus santos en Jerusalén. Y aun aquí tiene autoridad de los pricipales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu Nombre." 
El Señor le dijo: "Ve, porque este hombre es un instrumento elegido por mí, para llevar mi Nombre a los gentiles, a los reyes y al pueblo de Israel.
Entonces Ananías fue. Entró en la casa, y poniendo las manos sobre él, le dijo: "Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recobres la vista, y seas lleno de Espíritru Santo". Y al instante, se le cayeron de los ojos como escamas, y al punto recocbró la vista. Y levantándose, fue bautizado. Después de comer, recobró fuerzas. Y Saulo pasó algunos días con los discípulos de Damasco. Enseguida empezó a predicar en las sinagogas a Jesús, diciendo que era el Hijo de Dios. Y todos los que lo oían quedaban atónitos, y decían: "¿ No es éste el que perseguía en Jerusalén a los que invocaban este Nombre, y a eso vino acá, a llevarlos presos ante los principales sacerdotes?" Y Saulo mucho más se llenaba de poder, y confundía a los judíos de Damasco, demostrando que Jesús es el  Cristo.