martes, 3 de abril de 2012

La Palabra Diaria

Romanos 2: 17-29
Tú que te llamas judío, te apoyas en la Ley, y te glorías en Dios; tú conoces su voluntad, e instruido por la Ley, apruebas lo mejor; confías en que eres guía de ciegos, luz de los que estan en tinieblas, instructor de los que no saben, maestro de niños, que tienes en la Ley la forma del conocimiento y de la verdad. Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a tí mismo? Predicas que no se ha de hurtar, ¿ y hurtas?  Tú dices: "No cometerás adulterio", ¿y cometes adulterio? Abominas a los ídolos, ¿y robas sus templos? Te jactas de la Ley, ¿y transgrediéndola deshonras a Dios? Porque como está escrito, el Nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles, por causa de vosotros.
En verdad la circuncisión aprovecha si guardas la Ley. Pero si  desobedeces la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión. Y si el incircunciso guarda los requsitos de la Ley, ¿no sera tenido por circuncidado? Y el que es físicamente incircunciso, pero obedece cabalmente la Ley, te condenará a ti que con la letra de la Ley y con la circuncisión quebrantas la Ley. Porque no es judío el que lo es exteriormente, ni es circuncisión la que se hace exteriormente, en la carne. 
Al contrario, es verdadero judío el que lo es en su interior, y la verdadera circuncisión es la del corazón, por medio del Espíritu, no en la letra. Este recibe la alabanza, no de los hombres, sino de Dios.